Minimalismo, zero waste y 50 sombras de Grey

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Me comentaba una chica que vino a una de las charlas de divulgación de la escuela que se había apuntado un verano a un campamento de yoga y que casi había llegado a pelearse con los monitores porque, a traición, les habían colado un menú vegano durante toda la semana y no había forma de que les dieran algo de carne, huevos o leche.

La cuestión es que a veces se crean relaciones entre diferentes corrientes que pueden llegar a confundir a quien observa desde fuera y hacerles creer que forman parte de un todo.

Yo mismo dejé de asistir a la I Feria de productos ecológicos, vida sana y consumo responsable de Cantabria cuando ojeando la lista de stands encontré gran número de puestos de terapias alternativas y demás ocurrencias. Es como si sintiera que podían haber contaminado a los de la miel ecológica o las energías renovables. De hecho, en algunos productos ecológicos se hacía alusión a posibles mejoras del Karma.

Con el minimalismo ocurre algo parecido, es fácil creer que forma un todo con el veganismo, el movimiento Zero Waste e, incluso, con movimientos antisistema.

No creo que sea necesario que ocurra pero tampoco es negativo. Es probable que exista un gradiente entre el negro y el blanco. Cincuenta tonos de gris [1] , sino más, en los que uno pueda situarse.

Una conciencia del ecologismo puede situarte cercano al movimiento Zero Waste sin que tengas que convertirte en un talibán de los residuos. Puede que también recapacites sobre si es o no positivo el exceso de plástico de los embalajes, si hay alternativas viables que te ayuden a no consumir tanto plástico u otros materiales de un solo uso.

Tampoco hace falta ser vegano para escoger productos que no dañen innecesariamente a los animales. O escoger los que son más respetuosos con sus condiciones de vida si se da la ocasión.

Y, por supuesto, no hay que salir a la calle encapuchado a asaltar bancos porque pienses que el sistema económico es insostenible desde el punto de vista de los recursos naturales y humanos. Un éxtasis de consumo encaminado a conseguir la felicidad pero que a la larga nos quita más de lo que nos aporta.

No se trata de posicionarte en un polo u otro sino de fluir libre hacia una meta, a tu ritmo y con la libertad de plantarte donde más te convenga. No es, por tanto, dar un paso sino evolucionar hacia lo que mejor te haga sentirte.

No me gustan los extremos ni las etiquetas, cada uno siente las cosas a su manera y tiene que adaptarse a su conciencia.

Tú eliges la dirección y, poco a poco, paseas por el camino, sin olvidarte de que más que el destino lo importante es el viaje.

Un saludo.

[1] Hay quien sostiene que la mejor traducción del título original Fifty Shades of Grey es esa, en lugar de Cincuenta sombras de Grey.

Partiendo almendras a lo burro

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Me gustan los frutos secos y los como casi todos los días. Me gustan al natural, sin tostar ni salar, salvo los pistachos. Ahora que ha empezado la temporada de almendras probé a comprar unas pocas con cáscara, pensando ingenuamente que con el cascanueces que tenía no costaría demasiado.

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Compra meditada

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En casa me encargo de muchas de las compras que hacemos. Eso me coloca en la posición de poder tomar decisiones sobre muchos de los productos que usamos. Hasta hace poco solo me fijaba en la relación calidad/precio pero últimamente he empezado a incorporar otros parámetros a la hora de escoger, como la procedencia, el empaquetado o el tipo de producción.

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Inventariando

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El número de cosas que poseo supera con creces al número de cosas que necesito. Para estar al tanto de mi situación estoy realizando un inventario de mis cosas. De las cosas que son inequívocamente mías, independientemente de que esté integrado en una familia.

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