Ciencia ficción

Ayer vi “La intérprete”, una película bastante sosa que sólo me llamó la atención por la insistencia con la que intentaban mostrar a la ONU como una organización que funciona y sirve para extender y mantener la paz en el mundo.

La lástima es que al día siguiente, en el telediario, tras el recuento de muertos en Gaza o Beirut te cuentan que los dirigentes de las naciones unidas han sido nuevamente incapaces de formular una resolución que haga albergar esperanzas de paz en la zona. Entonces te das cuenta de que en realidad, debía tratarse de una película de ciencia ficción.

Intereses comunes

Echando un vistazo a la web de menéame, me entero de que al creador (o más bien debería llamar profeta) del pastafarismo le llueven diariamente en su web bastantes amenazas vía e-mail de cristianos que se sienten ofendidos por esa religión (para que luego hablen de la intolerancia de los musulmanes…). En los comentarios de menéame sobre la noticia me encuentro con una frase de Greg que describe con fina ironía el por qué no debería estallar una guerra entre pastafaris y cristianos:

No deberían de odiarse pues el cristianismo y el pastafarismo, además de su base cientítifica, tienen algo en común: el amor a la pasta

Como no sé si le molestará o no que la cite la pongo de momento, ya consultaré con él que tipo de licencia tiene su comentario.

Las vacaciones, más cerca…

Los efectivos del laboratorio huyen como ratas del barco que se hunde, con lo que cada vez mi ratio de chapa por hora de permanencia se incrementa. Menos mal que ya queda casi una semanita para emigrar a casita a desconectar de las proteínas y de la madre que las parió.

La tormenta perfecta

Ayer nos cayeron encima unos 60 litros por metro cuadrado en un ratico. La conjunción de esta “tormenta perfecta” con nuestra “facultad de medicina imperfecta” no podía resultar en nada bueno así que además de que se inundó parcialmente nuestro laboratorio, hubo un corte de luz que amenazó durante más de una hora la supervivencia de nuestras queridas proteínas. Para colmo de males, tras una explosión en el cuarto de transformadores (que se inundó) el grupo electrógeno fue incapaz de suministrar electricidad al edificio durante casi otra hora. Una pieza “un poco defectuosa” impedía que la electricidad que generaba el grupo electrógeno llegará al edificio. Desde las 4 de la tarde hasta las 8 nadie las tenía todas consigo. Al final el grupo electrogeno consiguió enganchar con la instalación y se resolvió la crisis.

Preguntas sin resolver: ¿Por qué en un sitio en el que llueve bastante se hacen tejaditos planos como si estuvieramos en Almería?, ¿Por qué un grupo electrógeno no está preparado para una emergencia? ¿Por qué a los becarios siempre les tocan estos fregados?

PD: 30 congeladores de -80º en un edificio son una barbaridad. Con la progresión de consumo eléctrico que llevamos en esta facultad la próxima vez que ocurra algo similar no creo que haya grupo electrógeno con capacidad suficiente para alimentarla. Espero que cuando eso ocurra yo ya no esté aquí y que sufra panete las consecuencias de esta falta de planificación.

Vivir para ver…

…y para oir.

Ayer, después de un pesado día de trabajo llegué a casa cansado de bregar con el cloruro de magnesio y puse la televisión para saber qué había pasado en el mundo mientras estaba encerrado en el laboratorio. Después del enésimo recuento de víctimas de la infame guerra de Oriente Medio (cuajadito de imágenes con mucha sangre y algún que otro mutilado) el simpático presentador comenta que, según un informe, no me acuerdo de quien, la culpa de que los jovenes no se emancipen es de que tienen ordenador en su cuarto con internet y el MSN Messenger.

De todos es conocida mi aversión al MSN Messenger, pero de ahí a afirmar que influye más en la no emancipación de los jóvenes que el precio de la vivienda o alquiler y la precariedad laboral me parece que va un trecho…

Por cierto, mensajería instantánea lleva habiendo hace ya muchos años, y antes de eso también estaban las salas de chat del irc. Entonces la vivienda no subía todos los años entre un 12 y un 15% y los jóvenes se emancipaban en cuanto podían para poder hacer lo que le saliera de las pelotas en su casa, que es lo que le gustaría a muchos de los que hoy no pueden hacerlo porque es imposible emanciparse a no ser que quieras vivir compartiendo piso como “la Sole” de “7 vidas” hasta la edad de jubilación.