Adiós Facebook, otra vez

Hace una semana formalicé mi petición de eliminación de mi cuenta de Facebook. Dentro de mi empeño por racionalizar el uso de mi tiempo esta red no tenía cabida. Nadie cuenta nada, solo comparten y recomparten lo que cuentas especializadas consiguen colocar como viral. No fue ese sin embargo el factor que me dió el empujón definitivo. Mientras ojeaba los estados de mis amistades, sorteando a wonderful, puterful y compañía se coló por medio un anuncio de colchones Lomonaco. Como me sorprendió un poco el hallazgo me dio por investigar el por qué de ese anuncio.

Ya desde hace tiempo Facebook te hacía el favor de contextualizar los anuncios del muro basándose en la información de tu perfil. Esto es personalizable y se puede impedir que los anunciantes accedan a tus datos pero el caso es que la publicidad va a estar sí o sí ahí. Es absurdo, si cuando llamo a un amigo por teléfono me saltara cada dos minutos una cuña comercial habría abandonado el teléfono hace mucho tiempo. Claro, eso no ocurre porque es un servicio de pago, no como Facebook, que es gratis. Pero seguro que si alguna compañía ofreciese llamadas gratuítas a cambio de escuchar algún consejo comercial al comienzo de la llamada mucha gente se apuntaría, igual que mucha gente ha sucumbido a los tablets y lectores de Amazon a un menor precio a cambio de recibir publicidad no intrusiva.

El bombardeo publicitario es constante y no me gusta nada el rumbo que está tomando. Atroz es lo de que teatros, estadios deportivos e incluso plazas tomen el nombre del mejor postor. Antes, tener tu nombre en una calle era cuestión de mérito, mañana puede que solo sea cuestión de precio.

No tengo nada en contra del avance y de los tiempos modernos pero se nos estayendo de las manos y, a lo mejor, puede que no sea ni saludable vivir en esta era de la publicidad por imperativo económico, de la que tan difícil es huir.

Dejar Facebook solo ha sido un paso más, pero uno complicado, puesto que al final tienes que optar por estar al corriente de la vida de tus conocidos o perder el rastro de muchos de ellos. Tras mucho tiempo meditándolo he optado por lo segundo. Espero no haberme equivocado.

Un saludo.

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