Café olé: completando la involución

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Sin dar ni un ruido, muy propio de los japoneses, me llegó el otro día el molinillo de café, con dos semanas de antelación sobre la fecha prevista.

El envío incluía una bonita grulla de origami, al estilo Blade runner, un detalle que aunque no aporta valor al molinillo, se agradece.

En cuanto al molinillo en cuestión, el desempeño es bastante bueno. Se puede graduar el grado de molienda del café y la parte inferior se puede utilizar como recipiente para guardar el café molido porque incluye una tapadera.

Me preocupaba el tema del ruido pero he de decir que monta más jaleo el microondas calentando el agua que el propio molinillo.

También hay que tener en cuenta que para utilizarlo hay que realizar una fuerza relativamente grande, no tanto en la mano que gira la manivela como en la que agarra el molinillo. Esto, en cierta medida, se ve aliviado por la base antideslizante del recipiente colector. Para moler el equivalente a una taza de café hace falta darle a la manivela sobre un minuto o un poco más, justo el tiempo que tarda el microondas en calentar.

En conclusión. No es el clásico molinillo de la abuela, que valía tanto para moler como para decorar pero cumple muy bien su función y al tener muelas de cerámica se le supone una larga vida, brindando café recién molido para cargar la cafetera.

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