El centro de gravedad emocional

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Bandazos [1]

Evidentemente, mi cuerpo ha cambiado a lo largo de la vida. También lo han hecho mis relaciones sociales y mi forma de pensar. Estos cambios han sido responsables de que lo que yo llamo mi centro de gravedad emocional se haya desplazado hacia la periferia.

En mi infancia básicamente solo me preocupaban mis emociones. A pesar de contar con un entorno familiar estable el egoísmo emocional no me dejaba tiempo para preocuparme por ellos.

En la adolescencia, con los amigos, la relación de pertenencia y solidaridad provocó un primer desplazamiento. No muy grande, claro, pero lo suficiente para iniciar el viaje centrífugo que me sacó de mi ombliguismo.

El gran empujón ocurrió en el momento de conocer a mi media naranja. De forma natural empezaron a preocuparme los sentimientos de otra persona por encima de los míos. Ese centro de gravedad se sitúo equidistante entre ambos. Simultáneamente, al alejarme de mi familia apareció un nuevo vórtice de preocupación y volvió a moverse. El último gran bandazo se debe a un par de pequeñajos que me absorben y alegran a partes iguales.

Todo esos cambios de mi centro de gravedad emocional me han aportado mucho bueno. Vivir fuera de tus preocupaciones no es malo si sabes o puedes manejarlo. No hay nada peor que regocijarte en tus sentimientos y aislarte de las emociones que te rodean. Si te vuelcas un poco en los que quieres es más fácil ganar en objetividad y encontrar la dirección adecuada hacia una vida sencilla y feliz.

[1] Curva de Lissajous

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