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Chip y Chop

Chip y Chop eran dos ardillas tontas de los dibujos animados que protagonizaron un spin-off en el que tomaban el papel de los guardianes rescatadores. Estas ardillas sentaron cátedra y varios años después han servido de inspiración a los países europeos, tanto por la tontura de sus dirigentes como por su ansia de rescatar a los indefensos.

Entre las medidas “necesarias”, se va a aprobar el segundo rescate a Grecia, como si hubiera servido para algo el primero, y las ardillas, que han evolucionado a chupacabras, pretenden empobrecer a ese país e hipotecar el futuro de las generaciones que poco o nada han tenido que ver con la situación en la que se ven.

Supongo que la obligación de privatizar hasta el aire que respiran será bien recibida por algunos banqueros que podrán, por fin, comprarse una isla griega para veranear.

Por otra parte, se pervierte hasta el lenguaje de forma que se crea un impuesto “solidario” a pagar por todos los trabajadores y se le da ese nombre cuando bien podía haberse llamado impuesto “por que me sale de las pelotas”, puesto que su objetivo es decrementar más aún el poder adquisitivo de sus habitantes.

En una economía perversa como la actual, en la que no se permiten ritmos diferentes y en la que uno no puede bajarse si ve que se la va a pegar (excepto los islandeses que han demostrado tenerlos bien puestos) la única solución que se ofrece a quien necesita ayuda es la miseria a corto, medio y largo plazo.

Esa es la realidad de los rescatadores, muy lejos de la bondad de las tontas ardillas de la tele.

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