Divulgar, aleccionar o convencer

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Me queda una clase tan solo del taller de divulgación que he estado desarrollando este curso. La experiencia ha sido positiva, un público escaso en número pero fiel. Ha habido preguntas interesantes, propuestas de temas, prácticamente lo mejor que podía esperar.

Otros talleres gozan de mayor popularidad. Los talleres de idiomas y el de cultura cántabra están siempre llenos. Lo mismo con los de escritura u ordenadores. Pero estoy muy satisfecho. He trabajado pero el esfuerzo no ha sido en balde.

Me queda como pega no haber sabido despertar esa chispa de pensamiento crítico, aunque he de decir que han empezado a captar la onda de por dónde se mueven las pseudociencias para atrapar a sus víctimas. Probablemente, la semilla está ahí, solo hace falta seguir regándola.

¿Qué quiere la gente escuchar?

Quizás, ha contribuido a eso el estilo poco formal de las charlas. Normalmente, cuando leo blogs de divulgación científica, y he leído bastantes para elaborar las charlas, me encuentro con un tono excesivamente técnico. Nada que ver con los blogs de la competencia, que se leen de un tirón. A la ciencia se le tiene que pedir rigurosidad y datos pero a la hora de la divulgación un texto cargado de referencias a trabajos se convierte en un obstáculo insalvable para la mayor parte de la gente que lo lee y no tiene conocimientos específicos, que es para quienes deberían ir dirigidos, en mi opinión.

De hecho, ese es el punto clave de por qué las pseudociencias son tan atractivas, no abruman con cosas que no se entienden, simplemente cuentan historias bonitas en las que, cuando aparecen cosas difíciles de explicar, te piden que creas y confíes en ellas. La historia suele enganchar y eso hace que se conceda margen a ese tipo de actos de fe. Nadie se pone a ver una peli del Oeste y se concentra en contar las balas que dispara el revolver del bueno o del malo. Si hay que disparar se dispara y punto.

Por otra parte, la gente no quiere que le den un diagnóstico con un mal pronóstico, la gente quiere curarse, vivir bien, y a otra cosa mariposa. La pseudociencia aprovecha la necesidad que tiene la gente de píldoras azules y les da lo que buscan. Nunca un curandero le ha dicho a un cliente que no había nada que hacer. Se trata de profesionales de la esperanza.

¿Por qué será que son azules?

Lo que he hecho este curso

En ciencia hay que contar las balas. Los datos pesan pero no se puede mandar a la gente a resolver dudas a un paper, que estará con seguridad en inglés y a veces ni siquiera será accesible para todo el mundo. Hay que elegir, o explicar todo paso a paso o ir resolviendo las dudas conforme vayan apareciendo.

Yo he elegido la segunda alternativa. Las dudas han ido apareciendo y he orientado las siguientes charlas para despejar esas dudas. No me queda claro que lo haya conseguido pero por lo menos no he mandado a nadie a buscarse la vida a Pubmed.

He expuesto las limitaciones de la ciencia sin tratar de quitarle hierro al asunto. También he expuesto sus logros y avances, y los cambios que permiten tener esperanza. No se puede renunciar a la esperanza, pero no me refiero a los casos particulares, sino a la esperanza general. Probablemente hoy muera mucha gente de una enfermedad que dentro de varios años sea simplemente crónica. Con el paso del tiempo puede que llegue a controlarse o, incluso, a desaparecer. Hay que tener esperanza, eso no hace daño a nadie.

Luces y sombras

Hemos hablado bastante de pseudociencias y otras hierbas. De cómo se articulan. De los puntos en común entre ellas. ¿Ha servido para algo?. Me temo que no todo lo que yo hubiera querido.

De hecho, un día me propuse comprobar hasta qué punto había conseguido inculcar la desconfianza en ellos y les hablé sobre las terapias de limpieza hepática defendiendo su eficacia, por supuesto escondiendo los puntos más sonrojantes de tales maguferías, y lo expuse de una forma aséptica.

Tanto les interesó lo que contaba que algunos hasta me pidieron que les diera tiempo para apuntar las recetas de las dietas de limpieza. Cierto es que unos pocos me miraban con ojos de gacela, pero la mayoría se lo tragó.

Un factor a tener en cuenta

La confianza hace más fácil que se la puedas colar a alguien. Si estás dispuesto a creerte algo y la persona que te lo cuenta te inspira confianza entonces date por convencido. Esto aplica generalmente a muchas cosas de la vida, no solo a ciencia. Por eso hay estafadores, porque hay gente (y todos podemos ser uno de ellos) a los que se la puede estafar.

Ideas para el próximo curso

No sé si volveré a impartir el taller. De hecho, no sé dónde estaré el curso que viene pero en el caso de volver a darlo creo que optaría por hacer algo un poco diferente. Dedicar algunas sesiones a explicar conceptos que puedan ser necesarios para las cuestiones más peliagudas y así asegurarme de que la gente va con un poco más de información. Me consta que algunos asistentes no han querido plantear preguntas por el hecho de considerarlas como preguntas tontas, la vergüenza, enemiga de la curiosidad, ha podido dejar algunas aportaciones interesantes en el tintero. Intentaré que ese problema se resuelva.

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