Dos tazas de caldo

Hace unos días publiqué por aquí una entrada que, pretendiendo ser irónica, confirmaba las cualidades de la terapia homeopática. Como bien decía Morfeo (el de Matrix, no el que traía el sueño), “El destino, al parecer, no está carente de cierta ironía”.

Hoy en la consulta del pediatra me han recomendado utilizar una pomada homeopática. Lo peor, es que me he quedado callado. No he querido discutir. La pediatra de la Seguridad Social que tenemos siempre nos ha tratado muy bien y nos ha informado de todo lo que necesitábamos saber. No he querido crear un clima de desconfianza y enturbiar una relación que podría perjudicar la atención de mi hija.

He de decir que el medicamento en cuestión es de Boiron (la famosa ONG), y que en la farmacia me han cantado sus bondades y han recalcado sobre todo su inocuidad para uso infantil. “Tan inocuo como el agua”, no he podido dejar de pensar. Ya hace tiempo que sabía que un farmacéutico era capaz de venderte a su madre con tal de hacer caja pero lo de que sea un médico de la Seguridad Social me ha dejado preocupado.

Y lo peor de esto, es que la homeopatía se está colando en el repertorio de atención médica por la puerta grande. Por pediatría. Abusando de la preocupación natural que los padres sienten por la salud de un hijo.

Si mi médica de cabecera, que es una señora muy simpática y atenta me hubiera recetado una crema homeopática a mí, seguramente le habría dicho que prefería que me recetase un medicamento de verdad, pero con los pediatras…

Es lo mismo que con el tema de las vacunas, el miedo a la enfermedad de un hijo puede hacerte vacunarlo de todo lo que te recomiende su pediatra y eso lo saben las farmacéuticas, y Boiron también lo sabe.

Resumiendo, que me la han colado. Como bien decía un amigo mío “Nunca digas de este agua no beberé ni este cura no es mi padre”.

Saludos y cuidado con los médicos.

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