Honestidad

No se estila. Esa es la realidad. La honestidad es un valor a la baja. Por eso resulta tristemente extraño cuando un político da muestra de ser una persona honesta. Claro, que no se trata de un político cualquiera. Dicen que en este país sobran los políticos, pero la realidad es que lo que faltan son los políticos honrados. Hace unos días Julio Anguita demostró una vez más la integridad que le caracteriza al declarar abiertamente que no es tan importante el color político de un candidato como su honradez.

Votad incluso al de extrema derecha si es una persona honrada. O algo así, lo que importa es que en un mundo polarizado a todos los niveles un político es capaz de recomendar que se vote a alguien que no sea de su misma ideología siempre y cuando la persona lo merezca. Y es que cualquier persona puede tener ideas que no se ajusten a lo que a nosotros nos puede parecer más adecuado pero cuando su intención sea buena y se tomen esas decisiones con buena voluntad no hay que temer por el resultado de las mismas. Todo se puede arreglar, todos nos podemos equivocar.

Otra cosa es el tema de las puertas giratorias. Las decisiones que se toman para favorecer a alguien a costa de perjudicar a otros. La compra venta de voluntades. El negocio de la política. Y eso, Don Julio, lo deja entrever claramente, es patrimonio de la Humanidad, como las pirámides de Egipto. Y es que en todas partes cuecen habas y el que durante muchos años fue cocinero de la izquierda en este país, lo ha visto y lo denuncia sin temblarle la voz.

Algunos alabaron el talante democrático de Manuel Fraga Iribarne cuando murió. A ver qué dicen esos mismos de Julio Anguita el día que nos deje (que ojalá tarde mucho) el que, para mí, es el político más integro que ha dado esta cueva de ladrones llamada España.

Un saludo.

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