Me siento seguro, pero molesto

/images/red-de-seguridad.jpg

Mayo es el mes de las flores, de las comuniones y, en mi caso, mes de pagar el seguro del coche. Llevo con la misma compañía de seguros desde que tengo uso de vehículo. Primero con el vespino y luego con los coches. Los seguros son un gasto, en este caso obligado, que percibo siempre como engañoso. Cubrir la posibilidad de un riesgo debería hacerte sentir bien pero ya van unos años en los que cada vez que me toca pagar me siento un poco estafado.

Elegí mi compañía de seguros siguiendo una especie de tradición familiar. Es una compañia de reputada solvencia, sea eso lo que sea, y ante el vértigo de contratar este tipo de servicio con una compañía on-line me he mantenido forzosamente fiel a ella. Sin embargo, he ido rebajando el nivel de coberturas. Empecé pagando una considerable cantidad por el seguro todo riesgo pero al cabo de los años pasé a un seguro de terceros ampliado. Menos cobertura menos dinero.

En mis vivencias, recuerdo que a mi padre, cada año le bajaban las cuotas del seguro. Era como una especie de prima por buen comportamiento. A mí, me suben año sí y año también. Esto es lo que me tiene perplejo y algo cabreado. No soy un conductor problemático, no doy partes, no utilizo la asistencia en carretera, no me multan. Ni siquiera soy joven (y alocado). Pero cada año, con dos meses de antelación, como manda la ley, me avisan de las condiciones de renovación, que incluyen como gratificación un nuevo incremento en el precio de la póliza.

Este año, cuando llegó el aviso de renovación, con su correspondiente gratificación, me propuse cambiar de compañía, pero al final no he conseguido mi objetivo. No me quieren. Ninguna compañía me quiere. ¿Soy yo o será mi coche? No me pueden facilitar presupuesto porque no me ajusto a su perfil. ¿Cuál es ese perfil?, ¿si me opero la nariz me rebajarán la póliza?

Han pasado los dos meses y me han cargado el recibo, yo, por mi parte, me he cargado en su madre y he pagado como buen ciudadano que soy. Tengo un año entero para estudiar y recapacitar, buscar nuevas alternativas y mojarme en el cambio. Si me lío la manta a la cabeza cambio los seguros de los dos coches y me quedo tan contento. ¿Tan contento?, bueno, no. He de admitir que sigo sintiendo cierto vértigo al cambio y eso que no tengo que agradecerle nada a mi compañía actual, que solo me ha ofrecido en contadas ocasiones el servicio por el que le estoy pagando. Pero me incomoda el cambio. Desde que mis decisiones pueden afectar a más gente que a mí, me cuesta más trabajo tomarlas.

¿Por qué arreglar algo que no está roto?, por el dinero, como siempre. Por el jodido dinero.

Un saludo.

Comentarios

Comments powered by Disqus