Parásitos públicos

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Está claro que no todo el mundo cree que un gobierno debería ocuparse de cosas como la educación o la sanidad. Puedo entender que algunos sueñen con el modelo estadounidense de pagar por servicios básicos a costa de pagar menos impuestos. Es opinable y hasta comprensible que gente que se dedique a esos ámbitos en la empresa privada critique el intervencionismo y competencia desleal por parte del gobierno con el dinero que sale de sus impuestos.

Por otra parte, algunos pensamos que un gobierno debe garantizar el acceso a la educación y sanidad a todos sus ciudadanos y no vemos con buenos ojos cómo se destina dinero público a favorecer intereses privados y particulares, léase los conciertos en educación y sanidad con empresas privadas, en las que el dinero de todos los ciudadanos se utiliza para engordar las arcas de unos pocos. Como dije, me parecen respetables ambas posiciones, aunque sea partidario y defensor de la segunda.

Lo que me parece ya no tan respetable es la posición ladilla de algunos que viven de lo público y al mismo tiempo lo atacan. Muchos compañeros de profesión afirman sin sonrojarse que ellos llevan a su prole a colegios privados-concertados. La gran mayoría firmaron en su tiempo para tener acceso a muface y sus privilegios. Estos individuos son en mi opinión un gran mal para la mano que los alimenta y debe cuidar de todos nosotros. Pero a mayor escala lo son esos grandes empresarios, que se permiten dar lecciones de esfuerzo y sacrificio al personal y cuyo mayor mérito ha sido lucrarse ganando concursos amañados con la administración, estatal o autonómica, que para el caso es lo mismo, por compartir confesor, colegio o lupanar con sus dirigentes.

En fin, hipocresía nivel máster para ser un neoliberal de bien. Un asco.

Imagen de cabecera: disponible bajo la licencia Public domain vía Wikimedia Commons.

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